miércoles, 28 de mayo de 2014

Dulces artesanales una calidad de exportación

Empresaria. Cuando la producción de frutas que cultivaba su padre sobrepasaron las expectativas, Silvia se preguntó si industrializarlas sería una alternativa que generaría ingresos para la familia y una fuente de empleos para sus paisanos. No se equivocó.
Ascender desde los 400 metros sobre el nivel del mar en los que se encuentra la capital cruceña hasta los 1.800 de la bella Comarapa en cinco horas no parece nada extraordinario, pero si ese recorrido es por una serpenteante carretera accidentada y con derrumbes incluidos es anecdótico. Sin embargo, pensar que la recompensa eran los extraordinarios dulces de frutas de La Rinconada, cambió el panorama.

La subida a los valles mesotérmicos fue cargada de expectativas por conocer las plantaciones de frutas de la región que son la materia prima de los procesados de Silvia García, una emprendedora que apuesta por su tierra natal, donde tiene una joven y exitosa empresa que fundó con Bs 200 y hoy la inversión sobrepasa el medio millón de bolivianos.
En el corazón de Comarapa, a solo tres cuadras se encuentra la casa de los García Terrazas, donde Silvia, junto a su esposo Luis Alberto Gozalvez, levantó los cimientos de Agroalimentos La Rinconada.

Casi uniformada, con polera y gorra con el logo de su empresa se adelantó a prometer: “Les voy a contar lo que tenemos mientras damos un paseo. Voy a ilustrarles a las lectoras mi pequeño emprendimiento para que se hagan una idea qué es lo que me enorgullece al igual que a mi esposo, mis hijos y mis padres”.

¿Qué se hace en cada paso del proceso de la fabricación de la mermelada?
Primero tenemos la sala sucia, aquí llega la fruta tal cual, se la pesa por cuestión de costos y luego se la higieniza y desinfecta, se selecciona para descartar la que está en mal estado y luego, pasa a la otra sala.

La gente que trabaja en esta área no puede pasar a la siguiente pieza porque está contaminada, por lo tanto, los trabajadores del otro espacio reciben la fruta limpia y proceden a colocarla en las marmitas (ollas especiales con doble fondo) en las que se procesa 100 kilos de fruta por hora, al vapor. También están las ollas en las que se desinfecta los utensilios y los envases.

Una vez procesada la fruta y de acuerdo a lo que se elabora (sea dulce, mermelada o ‘carne’) se mide el punto con un instrumento adecuado y posteriormente se procede a envasar. Como no tenemos mucho tiempo, tenemos la fruta haciendo cola, el etiquetado se hace después. Mientras tanto se almacena en los depósitos con el número de lote de producción y la fecha de fabricación.

¿Cada qué tiempo realizan esta operación?
Son dos las temporadas fuertes, todo lo que tenemos ahora almacenado es lo que se ha procesado este año, desde fines de enero, hasta las últimas semanas de abril, son tres meses intensos donde hay seis variedades de frutas que hay que aprovechar: duraznos, ciruelos, higos, membrillo, frutilla y mora.

Luego distribuimos, o sea que nuestros productos son frescos. En octubre, noviembre y diciembre se vuelve a trabajar intensamente con otras variedades de frutas de estación.

¿Además de distribuir, que hace el resto del año?
Estamos en las ferias del rubro agrícola y alimenticio. Desde el 2006 hemos participado en más de 33 encuentros departamentales, tenemos certificados de asistencia de cada evento. Nos capacitamos, contactamos proveedores de materia prima, de envases y de nueva tecnología.

Si bien fundó este emprendimiento con su esposo, podemos ver que tiene el apoyo incondicional de su padre. ¿Cuál es el rol de él en la empresa?

Don José es mi apoyo y mi mentor, como conocedor de la tierra y la agricultura, además que es profesional en agronomía. Soy la primogénita de los García Terrazas y la heredera del amor por el terruño y los productos ricos de la región.

Por ejemplo, cuando ustedes llegaron vieron a mi padre cortando la maleza que crece entre los durazneros que estamos cultivando en la huerta aledaña a la fábrica.
No estudió una carrera relacionada con el sector, ¿cómo se animó a incursionar en ello?

Con mi esposo estudiamos administración de empresas, pero al ver que la producción de papá sobrepasaba las expectativas y la fruta se echaba a perder, entonces pensamos que debíamos procesarla para conseguir otros mercados. Así fue que nos animamos a fundar La Rinconada en el 2006.

Ha crecido rápidamente. ¿Hasta dónde quiere llegar?
La verdad es que no se cómo llegamos hasta aquí. Todo ha sido muy rápido. Recuerdo la primera vez que participamos en la feria de los valles hace ocho años, gracias a una invitación y después en una feria productiva en el Parque Urbano, todavía recuerdo el arbolito que nos cobijó para instalar nuestra mesita (su voz se quiebra y asoman a sus ojos algunas lágrimas). Ahí nació mi empresa y vamos ir creciendo de a poco, aún hay mucho por hacer en nuestro país, como satisfacer la demanda interna antes de pensar en volar al exterior.

¿Cuántos reconocimientos ha recibido?
Es lindo ver esas plaquetas y certificados, son más de diez premios como empresaria destacada en ferias productivas.

¿Con qué problemas tropieza una empresa de su sector en el país?
La adquisición de los envases, no hay en Bolivia una fábrica que nos provea estos productos según los requerimientos. Los frascos y las tapas los importamos de Brasil, Argentina y Ecuador. Después no tenemos problemas porque la empresa está legalmente establecida y trabajamos bajo normas internacionales de calidad, con registro sanitario y las autorizaciones respectivas.
¿Sus herederos quieren seguir sus pasos?
Mi hijo mayor, Luis Alberto (18) ingresó a la universidad a estudiar gastronomía internacional en la UDI, para prepararse y apoyarnos en este emprendimiento de la familia. Fabián Alejandro
(11) y Clara María José (9) aún están chicos, aunque en las ferias ayudan en la medida de sus posibilidades.

Al final del día, evaluamos: recorrer los 241 kilómetros que separan a la capital oriental de la pequeña ciudad natal de Silvia y los 241 km. de regreso, valieron la pena y nos quedó mucho más que un dulce sabor en la boca; sin contar la increíble historia de Silvia y el recuerdo de las serranías, las extensas chacras y huertas preñadas de plantaciones de especies frutales que son propias de nuestros fecundos valles cruceños


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