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Más de siete mil unidades productivas, agrupadas en grandes, medianas y pequeñas empresas reciben soporte de la Comuna para su producción, asistencia tecnológica, capacitación y servicios legales administrativos, con el objetivo de hacer de El Alto una ciudad industrial.

El técnico de la Micro y Pequeña Empresa y Mercadeo de la Alcaldía, Zenón LLusco Alave, dijo que lo que se busca es mejorar la calidad de las unidades productivas, bajo procesos de articulación que generan oportunidades de negocio.
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Consolidar una empresa de chocolate no es tan fácil como muchos creen. El proceso para transformar la materia prima requiere mecanismos exactos que incluyen el uso de balanzas, termómetros y hornos cuyos costos son significativos. Así lo asegura Sonia Arce, propietaria de Xocolati, quien contó que comenzó con una inversión de $us 40.000 para equipar su microempresa. Esta mujer forma parte de la Ruta del Chocolate, un emprendimiento del Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (Cepad) que aglutina a 20 microempresas de chocolates. En cuatro meses asegura haber logrado avances significativos para estas chocolaterías, con hasta un 30 por ciento de crecimiento en las ventas, según las mismas integrantes.

Artesanal. Carlos Hugo Molina, director del Cepad, señaló que el objetivo de esta ruta es que tanto los visitantes locales, nacionales como extranjeros conozcan estas tiendas donde se elaboran infinidades de tipos y formas de chocolates que demuestran la creatividad de las reposteras que se especializan en este rubro.

Molina señaló que la primera fase del proyecto fue aglutinarlas y mantenerlas unidas, para capacitarlas en áreas de mercadeo y marketing, a fin de que tengan más aceptación en el mercado.

Testimonios. Ana Fara, de Muss Cioccolata, evitó dar las cifras de sus ganancias, pero señaló que son buenas, ya que ofrecen una variedad de 50 tipos de chocolates y el más pequeño tiene un valor de Bs 4 la unidad. "Hay jornadas intensas que duplicamos las ventas", añadió Fara.

Por su parte Sonia Arce, de Xocolati, señaló que la Ruta del Chocolate permite que el ciudadano conozca los lugares donde las manos artesanales de bolivianas son las que hacen delicias con el cacao.

A su vez, Otilia Tapia, de Dulces Karelyss, señaló que empezó su negocio con $us 500. "Cuando hay ferias regalamos estampitas turísticas. Mantener el negocio es caro, pero la capacitación nos ha permitido crecer un 30 por ciento más", acotó la mujer.

Datos
¿Por qué se lo denomina ruta?

La ruta del chocolate Lleva el nombre porque estos negocios están situados estratégicamente en calles céntricas y también en zonas populares o pueblos más visitados de Santa Cruz.

Turismo. El nombre permite promocionar tanto el Casco Viejo como las poblaciones aledañas. Por ejemplo, hay chocolateras que venden los domingos en las plazas de El Torno, Montero, Cotoca y La Guardia
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Hace más de 30 años que Freddy Orozco perfecciona sus diseños en madera.

Él era su único amigo, confidente y compañero. Cuando en 1977 murió el papá de Freddy Orozco, todo se había acabado para él; en ese entonces, Freddy tenía tan sólo 16 años y había perdido al ser más importante en su vida.
Ahora, Freddy tiene 53 años y se dedica a la carpintería. Su mirada denota serenidad, las arrugas de su frente y su pelo blanco reflejan la sabiduría que alcanzó durante 30 años de trabajo y lucha constante para sacar adelante a sus hijos.
Mientras habla, sus manos no paran de trabajar, relata que tras la muerte de su progenitor, tuvo que poner en práctica sus limitados conocimientos de este oficio transmitido por su padre. Fue así que empezó lijando maderas, hasta que llegó a hacerse un verdadero maestro. “Era difícil, porque para ser un buen carpintero, tienes que pasar desde lijador, ayudante, contramaestro y maestro”.

el objetivo. Recuerda que en sus más de 30 años de trabajo llegó a conocer a gente muy destacada del país como al “compadre” Carlos Palenque, el exjugador Carlos Borja, además de Vladimir Soria. “Por mi trabajo he pisado la casa del ‘compadre’. Lo admiraba mucho. Él no distinguía las clases sociales”.
Orgulloso, dice que logró comprar su propio taller de carpintería, al que acude cada mañana acompañado por uno de sus hijos, Max Orozco.
Max relata que desde sus ocho años acompaña a su papá en el desarrollo de su trabajo, también le ayuda a entregar los muebles que fabrican.
“Me gustaba salir con mi papá porque cada sábado me llevaba a comer, después me compraba un juguete en recompensa por haber cuidado los muebles, mientras él iba a entregar otros”.
Martillo, metro, serrucho, destornillador y lija en mano se prestan a seguir con su trabajo, mientras explican que con el pasar del tiempo, la carpintería fue avanzando. “Hay que ser muy cuidadosos con los detalles y diseños”.
Freddy, al ver a su hijo, sonríe cariñosamente, “él es mi compañero”, comenta entusiasta.
Suena insistentemente el celular, Freddy, dudoso, contesta, un pedido más a su lista.
A pesar de estar expuesto a riesgos, no cesan en su trabajo, el temor a sufrir cortaduras desapareció con los años, ahora lo que se debe hacer “es trabajar, trabajar y trabajar por el bien de mi familia. Mi sueño es que todos mis hijos se superen cada día y lleguen a brillar”.
Como todo padre, Freddy siempre piensa en el bienestar de sus hijos y su esposa.
Hoy, 19 de marzo, es el Día del Padre, la fecha fue instituida mediante un decreto en el Gobierno de Hugo Banzer Suárez. Los carpinteros celebran su oficio, en honor a su patrono San José, en virtud de la labor de este hombre de Dios.

“Mi papá es mi mejor amigo. Estoy orgulloso de él porque más que mi padre es mi compañero de trabajo.
Él me da una mano y yo, la otra; siempre nos apoyamos”.

Max Orozco / HIJO
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Cereales, chocolates e infusiones son los productos más requeridos en el extranjero.

En La Paz, Cochabamba, Tarija y Santa Cruz trabajan los productores ecológicos y de “comercio justo”, agrupados en organizaciones que se dedican a la exportación de sus productos a los mercados extranjeros y que en 2011 vendieron mercancías con un valor de 500 millones de dólares.
Son casi 10.000 industriales agrupados en más de 500 organizaciones, encaminados en la organización ecológica, bajo un comercio enfocado en el precio justo.
El director ejecutivo de Promueve Bolivia, Iván Cahuaya, dijo que los principales mercados que demandan artículos orgánicos son fundamentalmente los países de la Comunidad Europea. En Estados Unidos y Canadá se logró buena aceptación. “Estas tres regiones se consideran los principales mercados de productos orgánicos y manufacturas”.
Otro mercado que se mostró interesado en adquirir los mercancías está compuesto por algunos países del continente asiático.
“Estamos permitiendo que productores de todo el país puedan capacitarse en la comercialización de productos ecológicos y de comercio justo para poder tener mayores oportunidades en cuanto a la producción, comercialización y exportación del precio justo”.
Cahuaya dijo que los artículos salen de la exportación regular desde hace dos décadas atrás.
Lo más requerido. Los productos que son más requeridos para la exportación en estos mercados son los alimentos, principalmente los cereales andinos (quinua), según información de Promueve Bolivia.
Otro artículo que registró gran demanda es la variedad de chocolates El Ceibo; también requieren infusiones (mate y té).
“Muchos nos han manifestado que los chocolates bolivianos son catalogados como mejores que los suizos, entonces es una satisfacción que nuestro país pueda competir en los mercados más importantes del mundo”.
las dificultades. Cahuaya dijo que existen dificultades a la hora de exportar, como el cumplimiento de las condiciones de acuerdo con los estándares y condiciones al ingreso de los productos a cada uno de los mercados.
Explicó que existe un sello denominado Fair Trade que permite vender las mercancías a escala mundial. Más de una decena de organizaciones grandes en Bolivia, en distintos rubros, lograron contar con dicho sello.
Otro de los rubros que participan en este tipo de comercio son los remedios medicinales a base de productos naturales, como hoja de coca, willkaparu y romero. Sin embargo, éstos deben pasar por un control más riguroso, y los pedidos deben hacerse con un tiempo de anticipación.

70 países participan en el comercio exterior con el sello de Fair Trade, incluido Bolivia.

El viceministerio de exportación, a través de promueve Colivia y el centro wiñay, presentó el primer curso virtual de Comercialización de Productos Ecológicos y del Comercio Justo.

Capacitación. Este curso durará un mes y estará divido en cuatro módulos: Introducción al mercado de los productos ecológicos y del comercio justo; Producción de Productos ecológicos y del comercio justo; Comercialización nacional y Comercialización internacional. Los productores participantes obtendrán una certificación de “precio justo” que les permitirá exportar hacia mercados internacionales “de importancia”.

Lo que se debe conocer para exportar

PRODUCTORES
Primeramente, el productor debe tener listo el artículo que pretende exportar.
LA MARCA
El propietario de una marca pone el Sello de Certificación de Comercio Justo en su producto.
EL COMERCIANTE

Un comerciante compra, vende y/o transforma la mercancía, que dependerá del requerimiento.
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Mañana no solo se celebra el Día del Padre en Bolivia, sino también el del Carpintero. EL OFICIO ES UNO DE LOS MÁS ANTIGUOS Y HA ESTADO PRESENTE EN GRAN PARTE DE LAS CULTURAS DEL MUNDO. En Bolivia cada vez son menos los que realizan este trabajo de manera artesanal. Cuatro carpinteros nos cuentan sus experiencias y su apego a dicha ocupación



Texto: Ricardo Herrera F. / Fotos: Rolando Villegas/Jorge Gutiérrez

A principios de los años 90, el Censo Nacional indicaba que en todo el país había más de 28.000 carpinteros. Casi diez años después (Censo Nacional de 2001), esa cifra se había reducido a cerca de la mitad. Es evidente que cada vez son menos las personas que se identifican con el oficio de trabajar la madera. La falta de materiales, la ausencia de maestros adecuados y sobre todo la sustitución de los materiales con los que se fabrican los muebles, puertas, ventanas y otros enseres han golpeado a una de las ocupaciones más antiguas del hombre.
Sin embargo, todavía en nuestra ciudad hay carpinteros que le han dedicado gran parte de su vida y mantienen su pasión por la madera como cuando aún empezaban a descifrar sus misterios.


Eso lo sabe bien Tomás Callaú, porque primero lo vio en su padre, que fue uno de los carpinteros más prestigiosos de la capital cruceña y que trabajó hasta los 75 años en su taller de la calle Ballivián. Luego él sintió el mismo entusiasmo en Brasil, donde fue enviado por su padre a estudiar Arquitectura. Allá se dio cuenta de que el diseño y la creación de muebles le gustaban más que proyectar edificios. Cuando regresó tomó las riendas de la carpintería familiar y hasta hoy no las ha soltado. “Es un oficio en el que se tiene que crear constantemente. Siempre está cambiando no solo por los materiales que se usan, sino también en los estilos. Eso es lo lindo, ya que siempre se está variando”, sostiene Tomás.
El carpintero, que es hermano del desaparecido artista plástico Marcelo Callaú, no cree que haya menos personas en el oficio, sino que lo que hace falta son ebanistas de calidad. “Nos hemos llenado de carpinteros chabacanos, porque aprenden un poco y se lanzan a realizar trabajos. Tal vez impulsados por la necesidad o porque la gente ahora quiere las cosas cuanto antes, a menos costo y sin pensar en la obra fina”, opina Tomás.


Cornelio Velarde es de los maestros que en su taller ha formado a más de una decena de carpinteros que hoy tienen sus carpinterías y que se sienten agradecidos por sus enseñanzas. Para Cornelio uno de los grandes problemas es la escasez de madera y la que hay, cada vez está más cara. Por ejemplo, a mediados de las décadas de los años 70 y 80 utilizó mucha mara y cedro para los marcos, puertas, roperos empotrados y cajones de cocina que realizó para las casas del barrio Hamacas, cuando trabajó para la Cooperativa La Merced, pero hoy ya casi no se encuentran esas maderas. Para el maestro carpintero (que tiene cuatro hijos, de los cuales tres son carpinteros y uno es barnizador), dos son las cualidades que debe tener un buen profesional de la madera. Lo primero es mantener siempre la calidad de sus trabajos y lo segundo es el cumplimiento. Pero, si bien no lo dice, es notorio que para este trabajo es necesario mucho entusiasmo, como el que él pone a diario, ya que si bien sus hijos le han pedido que deje de trabajar, él sigue levantándose a las 6:00 para darles una mano y dirigir a los trabajadores de su carpintería. “Si dejo de trabajar, me enfermo”, bromea Cornelio y lanza una carcajada.


Para quienes han trabajado con la madera y han aprendido a conocerla como Cornelio saben de lo que se trata. Uno de ellos es el artista plástico Juan Bustillos, que de la escultura en madera decidió incursionar en la carpintería a mediados de la década de los años 80. Montó un taller pequeño sin saber nada de carpintería y fue conociendo los sinsabores de la profesión. “No es fácil, porque hay que lidiar con muchas cosas. Entre ellas negociar con las barracas y en especial con los clientes. Se habla mucho de lo incumplido que son los carpinteros, pero nadie dice nada de lo complicado que es que los clientes cumplan. A veces te llaman para cotizar y debes dedicarle horas y horas que al final no te lo pagan. En otros casos se quedan con el diseño y lo mandan hacer con otra persona”, comenta Bustillos, que ha diseñado muebles de todo tipo y de los más variados estilos.


Bustillos actualmente está alejado de la ebanistería, pero mantiene un pequeño taller donde sigue haciendo algunos muebles.
El que no ha abandonado el trabajo diario es Bruno Jiménez, al que todos los días se lo puede ver en su taller de la calle 11 de la Mutualista realizando las más diversas tareas. Bruno no aparenta los 70 años que tiene y pese a que entró a esta ocupación a los 30 años, encontró en la carpintería no solo los recursos que le ayudaron a mantener a su familia, sino también una manera de “entender a los muebles”, ya que considera que no solo es necesario conocer la materia prima para crearlos, sino también el proceso del diseño de los mismos. Pasos en los que hay que tener creatividad, saber algo de matemáticas, de dimensiones y sobre todo dedicación. Cuando se saben reunir esos ingredientes, se pueden crear muebles que durarán muchos años.
Sin duda que el carpintero que se precie tiene algo de artista, porque sabe que no solo hace muebles, sino obras para perdurar.

Algunas cosas que debe saber de los carpinteros
De acuerdo con el Censo Nacional de 1992, en Bolivia había 28.284 carpinteros, lo que en ese año representaban el 0,4 % de la población y los departamentos que más tenían era Santa Cruz, con 8.930 y La Paz, con 8.679.
El último Censo Nacional realizado en 2001 estableció que en el país existían 14.382 carpinteros, cerca de un 50% menos de los del censo anterior. La mayor cantidad de ellos estaban entre los 20 y 24 años y representaban el 94,40%. Las mujeres carpinteras eran apenas 809 y representaban el 5,60% del total.
Son cerca de 12.000 las carpinterías a escala nacional, de las cuales 6.000 están establecidas en la ciudad de La Paz y El Alto, según datos del Instituto del Mueble Boliviano (IMB).
Del 100 % de madera que se produce en el país, el 85 por ciento es destinado a la construcción y fabricación de puertas, ventanas, pisos, marcos, listones, y el 15 por ciento es para muebles.
El 19 de marzo se celebra el día de San José, que era carpintero y por ello fue adoptado como el santo patrono de los carpinteros.
Los carpinteros orientales han ejercido su oficio en Nazareth o Tiberias con los mismos métodos primitivos que en la época de Cristo. Esta ocupación no ha cambiado mucho desde los días cuando dijeron del joven Mesías, “¿No es este el carpintero?” (Marcos 6:3). (Fuentes: INE, Internet)

Tomás Callaú
No solo heredó el nombre de su padre, sino también el talento y la pasión por la carpintería. Los muebles creados por los ‘Callaú’ ya son parte de la historia urbana de la capital cruceña.

“Yo nací entre aserrín y palos de madera”, cuenta Tomás, que a los 10 años ya ayudaba en la carpintería de su padre. A los 12 aprendió a tornear y a los 13 ya vendía trompos que él mismo fabricaba para sus amigos del barrio. “Las escuelas eran los talleres de carpintería y ahí yo aprendí todo”, dice Tomás y reconoce que tuvo un gran maestro en su padre “Él fue muy innovador, un tipo pensante que se preocupaba por los detalles y me contagió eso del acabado fino de los muebles, y eso es lo que yo también trato de enseñar”

Cornelio Velarde
Nació en Cochabamba hace 70 años y desde su adolescencia se dedicó a la carpintería, primero como aprendiz, luego como ayudante, hasta convertirse en maestro carpintero

“Tenía 12 años cuando mi madre me llevó donde un maestro carpintero. Para que me enseñara, le tuvo que dar dos gallinas y un gallo. Yo era casi su esclavo, pero me enseñó muchas cosas”, recuerda Cornelio, que después le tocó ser maestro de muchos otros carpinteros “A veces los visito en sus talleres y ellos son muy agradecidos conmigo”, cuenta el carpintero, que confiesa que sus hijos ya no quieren que él trabaje, pero él insiste “Solo una vez paré por tres meses por una enfermedad, pero estar sin hacer nada fue peor para mí . Es que si dejo de trabajar me enfermo”, bromea el carpintero.

Bruno Jiménez
Su padre era carpintero en Santa Ana del Yacuma, pero aprendió el oficio en Santa Cruz cuando tenía 30 años. Hoy, a sus 70 años, sigue dedicado al oficio

“Mi padre era carpintero en Santa Ana del Yacuma, pero yo no aprendí de él, porque recién a los 30 años me dediqué a esta profesión. Durante muchos años estuve trabajando en aserraderos, cortando arboles y aserrando madera”, cuenta Bruno Jiménez, que empezó haciendo pequeños catres de residuos de maderas que sobraban en los aserraderos cruceños. Luego, con más recursos económicos, fue comprando equipos y trabajando con maderas finas. Hoy no hay día en el que no le llegue trabajo a su carpintería, aunque admite que cada vez son más para reparar que para la fabricación de nuevos muebles.

Juan Bustillos
El arte lo acercó a la madera y esa dedicación lo llevó luego a la carpintería, donde desarrolló otra faceta de su creatividad diseñando y haciendo muebles

“Empecé sin saber nada de carpintería. Fue como tirarme a la piscina sin saber si había agua. Recuerdo que lo primero que hice fue una puerta y sufrí un montón, porque era a la vista de la dueña de casa. Cuando finalicé el trabajo, la señora me dijo: ‘Usted no sabe de carpintería, y para la próxima prepárese mejor ‘(risas). Después hice todo tipo de muebles y sobre todo diseñé bastante”, cuenta Bustillos, que considera que lo primero que hay que hacer es conocer las ventajas y desventajas de cada especie, enamorarse de la madera, palparla para saber su dureza y en qué momento está apta para ser mueble . “Si no se conoce esos detalles, no se logra un buen trabajo”
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Cerca de 202 emprendimientos productivos correspondientes a 60 municipios del área rural de todo el país en rubros de fibra, cuero y carne de llama, serán financiados por el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras a través del proyecto Apoyo a la Valorización de la Economía Campesina de Camélidos (VALE).

El financiamiento que otorgará VALE asciende a 27.480 bolivianos que sumados con la contraparte del productor, que es de 6.880 bolivianos, los emprendimientos tendrán recursos de 34.360 bolivianos, los que servirán para fortalecer la ganadería camélida.

Existen 383 emprendimientos que fueron presentados al proyecto VALE, los mismos que serán evaluados por la comisión técnica que es la encargada de verificar cual es la factibilidad económica y social de todos estos proyectos.

Para recibir el financiamiento los emprendimientos deben pasar por tres fases, primeramente se inicia con una evaluación previa de gabinete, luego se verifica en campo donde los técnicos ven la pertinencia del proyecto, después defiende ante el Comité Local de Asignación de Recursos Económicos (Clave) integrada por siete personas quienes son las encargados de aprobar o rechazar estos trabajos.

Una vez concluida estas tres fases de acuerdo a los resultados obtenidos en la evaluación, se trasmitirá los recursos económicos a sus cuentas bancarias de cada grupo asociado, sin intermediación de otras personas.

El director nacional de VALE, Iván Reynaga Fernández señaló que el objetivo de este procedimiento es transparentar el apoyo que se brinda a cada uno de los emprendimientos productivos.

"Varias familias ven con esperanza este proyecto porque es una forma óptima de lograr un ingreso económico para el sector rural" sostuvo.
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El Plan Tres Mil no es la zona roja, como fue catalogada, debido a los hechos policiales que en ella se registraban. Tampoco es un distrito ‘dormitorio’ de obreros que trabajan en otros barrios de la ciudad. En los últimos años, sus habitantes, la mayoría migrantes, han demostrado su empuje al formar talleres y microempresas que generan empleos.
Los habitantes del Plan comenzaron a abrirse paso hasta llegar a cristalizar pequeños emprendimientos.  Uno de ellos es la empresa Andrés Ibáñez, que recolecta basura; otros el taller de luthería de los hermanos Ichu, que es uno de los cuatro que existen en Bolivia para reparar violines; o la habilidad de Tarcila Montero para transformar el tradicional jabón de lejía en un producto de tocador digno de ser exportado.
El problema en la recolección de basura, que padecen los vecinos asentados en los barrios ubicados más allá del quinto anillo, fue visto como una oportunidad de negocios por un grupo de personas, todos migrantes del interior, que hace 14 años conformó la microempresa de limpieza Andrés Ibáñez.
Los vecinos se asociaron y conformaron una de las siete microempresas dedicadas a la recolección de basura domiciliaria y al barrido de calles en los barrios alejados del centro.
A este emprendimiento lo denominaron Andrés Ibáñez, en honor al líder igualitario cruceño del siglo XIX, además de ser el otro nombre con el que se conoce al distrito 8.
Pero la tarea terminó en diciembre del año pasado, cuando la Empresa Municipal de Aseo Urbano (Emacruz) decidió no renovar el contrato a las microempresas, en caso de que estas no se convirtieran en sociedades de responsabilidad limitada (SRL).
“Nos propusimos conformar la empresa y lo logramos, es por ello que el primer fruto fue el contrato por dos meses que nos dio Emacruz. También logramos la concesión en los distritos 9 y 12, donde subcontratamos a las microempresas de la zona para que presten el servicio”, indicó Agripino Villarroel, gerente de la empresa Andrés Ibáñez.
Otro emprendimiento silencioso está asentado en el barrio Paraíso de los Infantes. Es el taller de luthería Amatista, dedicado a la reparación de instrumentos de cuerda, en especial de violines, que desde 2007 han montado los hermanos ignaciano-moxeños Francisco y Alfonso Ichu Tamo.
Estos habilidosos músicos reciben el apoyo de importantes instituciones y personas dedicadas a promover la cultura, como la APAC, el Cepad, el Sicor, el BID y el padre Nicolás Castellanos, pues en Bolivia son pocos los talleres dedicados a reparar y construir instrumentos, como violines, violonchelos, violas y contrabajos.
“El taller se creó para brindar servicio a todas las orquestas del país, entre ellas a la Camerata del Oriente, del Uboldi, de Bellas Artes, la Sinfónica de Santa Cruz y otras situadas en la Chiquitania; además del instituto Laredo, de Cochabamba”, anotó Alfonso Ichu.
“En Bolivia estamos en pañales, necesitamos más de lutherías, pues solo hay cuatro talleres, uno que es el nuestro y los otros están en San Ignacio de Moxos, en Urubichá y en La Paz”, manifestó Francisco Ichu.
Pero la microempresa que sorprende es la de Tarcila Montero Ardaya, una inquieta dirigente del barrio 8 de Septiembre, que fabrica una línea de jabones orgánicos llamada Hecopehuá, palabra guaraní que significa natural. Esta artesana lleva cinco exitosos años preparando sus productos, los cuales vende en la feria artesanal de los domingos en la Manzana Uno.
“Es el mismo proceso del jabón de lejía, pero luego le mezclo alcohol para rebajar el sebo y adiciono colorantes y aromas. Incluso tengo jabones de coca”, anotó Montero.
Llaman la atención los envases de los productos, que son hechos de la corteza de los tallos de plátanos, y adornados con semillas de sirari, tamarindo y otras.

«Prestamos servicios de aseo urbano y de limpieza de vías»
Andrés Ibáñez | Agripino Villarroel
En febrero pasó de ser microempresa a Empresa de Aseo Urbano Andrés Ibáñez SRL. Con la nueva razón social, sus 60 socios y propietarios comenzaron a trabajar en la recolección de desechos orgánicos en el distrito más poblado de la ciudad, el Plan Tres Mil o distrito 8, el cual alberga a 400.000 habitantes repartidos en 33 unidades vecinales y 126 barrios. La tarea resulta ardua, sobre todo cuando llueve, porque las calles se tornan intransitables en la mayoría de las barriadas.
“Contamos con nueve volquetes, con los que salimos a recoger la basura. Así lo hemos hecho durante 14 años y ahora, como empresa SRL, pretendemos que el nuevo operador Vega-Solví nos dé un subcontrato para cubrir el D 8”, anotó Agripino Villarroel, gerente de esta empresa, la cual el 9 de marzo abrió su centro de operaciones en el barrio 20 de Mayo, cerca de Normandía.
“Queremos demostrarle a Emacruz que somos una verdadera empresa, que puede prestar un buen servicio, tanto en la recolección de residuos sólidos como en el barrido de calles. Todos los trabajadores tienen uniformes y hemos invertido en un patrimonio de $us 120.000, con lo que hemos adquirido un terreno de 3.100 m2, donde construimos un tinglado, las oficinas y además levantamos el cerco perimetral”, agregó Roller Guarachi, otro de los socios.
También cuentan con personal femenino, que se aboca más a escoger la basura inorgánica para venderla a los recicladores de plástico, cartones o vidrio. “Las mujeres barren y recogen la tierra de las avenidas. En total son 60 empleos directos y más de 30 indirectos que genera esta empresa, en la que todos sus trabajadores son habitantes del Plan Tres Mil”, dijo René Limachi.

«Reparamos violines y chelos»
Amatista | Alfonso y Francisco Ichu
Es poco común la actividad que desde 2007 realizan los hermanos Alfonso y Francisco Ichu Tamo. Se dedican a arreglar instrumentos de cuerda de orquestas sinfónicas, tanto de Santa Cruz como del interior del país. Su taller, Amatista, está ubicado en uno de los rincones del Plan Tres Mil, en el barrio Paraíso de los Infantes, un lugar tranquilo, ideal para efectuar este tipo de trabajo.
Sin embargo, los Ichu no solo componen instrumentos musicales, también los fabrican. Para ello usan maderas como mara, cedro o morado.
La habilidad innata de estos hombres fue descubierta en Santa Cruz cuando en 1997 se abrió el coro y orquesta de Hombres Nuevos. “Me postulé para violinista y solo hubo cupo para el coro. Luego vieron que me gustaba arreglar los instrumentos dañados y me dieron la oportunidad. Por ello acudí a Urubichá”, relata Alfonso.
Luego vinieron los estudios de especialización en Venezuela, que es el principal país que los colabora, y Argentina, así como también recibieron clases magistrales de maestros de música llegados de España y Francia.
Ahora, los Ichu pretenden ampliar el taller, que es el único especializado en Santa Cruz de la Sierra.

«Preparo jabones orgánicos»
Hecopehuá / Tarcila Montero
Tarcila Montero entró en el negocio por casualidad, hace cinco años, cuando una extranjera le encargó un lote de jabones orgánicos. Esta dirigente de barrio no se amilanó, porque buscó quién la instruya en la técnica, pues ella solo tenía conocimiento para fabricar artesanías.
Hoy produce dos líneas de jabones. Una de exfoliantes, o de tocador, hecha a base de glicerina. La otra, siguiendo la técnica del jabón de lejía, se cocina a leña en ollas de acero y luego se hace el baño María. Posteriormente se mezcla el alcohol para rebajar la grasa animal (sebo). Este es el producto más requerido por la variedad de olores, como manzanilla, sábila, miel, almendra, cusi y, la novedad, coca. Estos productos llegan a costar entre Bs 8 y 15 en la Manzana Uno.

Para saber del Plan

Las víctimas del turbión
El 1 de febrero de 1983, el turbión del Piraí dejó a 20.000 personas sin casas. El alcalde Sergio Antelo ubicó terrenos privados para llevarlas a lo que se conoce como el Plan Tres Mil.

Zona de migrantes
El Plan Tres Mil es una de las zonas que más crece en Santa Cruz, a un ritmo del 6,7% anual. Se estima que 400.000 personas viven en esa zona.

Servicios básicos
El Plan Tres Mil fue uno de los primeros barrios populares de la ciudad en que se construyó un servicio de aguas servidas. Fue financiado por la Unión Europea.

La segunda gran riada
La Alcaldía abrió una calle en los lotes donde fueron asentados los damnificados. Hasta la segunda riada del 18 de marzo de 1983, 900 familias estaban en el Plan.

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